Había como mil luces aquella noche y de pronto era por la mañana y ya nada iba a ser igual al resto de días. Sus ojos, en mis sueños, seguramente brillarían intentando mirarme, observando mis labios, y nadie dijo nada porque quererse es eso.
Y en mis pies se enredaban todos sus pelos y el cielo se convirtió en azul y pinceles nos permitían volar por ahí hasta el infinito.
Estábamos en un cuadro a medias y ni su paisaje era el mío ni yo supe explicarle que no hay nada como el claroscuro.
Su cuerpo a veces se deslizaba río abajo haciendo curvas en mis ojos. El sol nos evaporó aquella tarde y hacía frío entonces.
Le expliqué que había muchas cosas, infinidad de momentos de los que yo no tenía ni idea, la cultura y las personas. Sonreír porque tengo tantos nervios en el estómago que no controlo nada de mí.
Hay mil mensajes secretos por ahí esparcidos y soy incapaz de trazar un mapa pirata, por muchos años que haya estudiado ese arte. Barcos surcan las comisuras de tus labios y sin que nos demos cuenta hemos naufragado millones de veces en las mismas islas desiertas del Pacífico.
Un ojo y otro se abren despacito, son las seis de la mañana y no te quiero despertar pero te abrazo y me convierto en tus sábanas, metiendo mis manos por debajo de tu ropa, te estiras y ahora tenemos el cuerpo lleno de pelo, somos tan gatos que no sabemos cómo maullar pero lo hacemos.
Mucho estaba tardando en regresar.
El aire seco. Me duele la cabeza y el mundo se ha vuelto húmedo de un día para otro.
No tener ropa es una ventaja y el agua te seca el cuerpo. Deslizarme hasta ti y darme igual la redondez de los planetas, porque el universo va mucho más allá.
Una espiral, un ombligo, el lado blanco del lado oscuro y tú que eres tan diferente al resto de la gente que no sabe que la tierra tiene pies y cuando se camina sobre ella te hace cosquillas en el paladar.
Recuérdame que un día te lleve a las cataratas de tu espalda. Sentir, saltar.
Y ahora que lo recuerdo, ni quiera tienes color de ojos, ni de piel, ni de voz.
Estás en mis labios y en mi piel pero… ¿Cómo?
Y recuérdame que te diga el secreto de tus hombros.