Funcionalidad del Pasado.

Siempre me pasa que descubro la funcionalidad de las cosas cuando ya es demasiado tarde.

Y que sea demasiado tarde es precisamente la característica principal de este lugar.

Después de tanto tiempo encuentro que quizás este sea un buen sitio para mirar el pasado con los ojos del presente-futuro.

En cualquier caso, a los fantasmas del pasado, a los vivientes del presente y viceversa, sean ustedes bienvenidos.



viernes, 8 de junio de 2018

El sexo de la risa


Aún recuerdo cuando te intuías
oportunidad.
Bailabas en cada viaje
a la estratosfera
y me hacías olvidar que
probablemente te perdería
en algún momento de la caída.
Y nos reíamos de todos aquellos huesos,
de las tripas también.

¡Qué desastre! ¡Qué desastre!
Pero qué bonito verte caer conmigo.

Tú y yo nos reíamos del miedo a morir
igual que cuando follábamos
y las paredes se venían abajo
y todos podían vernos tan felices
cayendo
en
picado.

Ahora,
tú sigues bailando con otros,
yo perdí mi oportunidad
pero te sigo intuyendo
en cada aterrizaje,
¡Qué desastre, pero qué desastre!

Fue bonito verte caer conmigo.

Esto lo escribí para una especie de "casting", de ahí el nombre (en referencia al primero libro de Irene X). Otro día subo el que escribí para el "casting" real. 

sábado, 2 de junio de 2018

La mujer que amaba idiotamente (30.12.14)


La mujer, acostumbrada a amar de manera estúpida toda su vida, no entendía la mirada complaciente de aquel hombre. No había razón por la que no aprender. Una y otra vez, meticulosamente, la mujer desarrollaba con exactitud cada patrón relacional con hombres que guardaban cierto parecido, cada vez más. Una y otra vez, mismo patrón, mismo semblante, la mujer jugueteaba luego con sus zonas cerebrales, inertes. Desérticas de cualquier tipo de actividad eléctrica. Es posible que se piense que esto no siempre fue así, pero lo cierto es que esta mujer nació desprovista de mecanismos de aprendizaje útiles para la supervivencia amorosa.
Vestía siempre de rojo, a modo de equilibrar el gris de sus tripas. No corría por ella ni una milésima parte del rojo que impregnaba a sus labios.
La mujer que ama estúpidamente está sentada tomando café en una cafetería forrada de madera y antigüedades. Su carmín ha marcado ya el borde de la taza. Es escandalosa por lo desapercibida que llega a resultar su presencia. Nimia presencia de una mujer que nunca ha sabido amar.
Los hombres que entran por la puerta de la vieja cafetería, se quitan sus sombreros, a veces cargados de nieve, otras de sol, otras de lluvia. Igual hacen cuando la mujer de costumbres amatorias catastróficas los deja sentar con ella, entrar en su casa, en su cuerpo. Para cuando marca sus cuellos de carmín rojo, ellos ya se han dado cuenta del peligro que corren y apresurados buscan la puerta de salida, no sin antes, volver a ponerse sus sombreros de caballeros que saben bien lo que quieren.

Pero este hombre era distinto. Él bebía los mares por las faldas rojas de la mujer que no sabía amar inteligentemente. Consciente de su incapacidad, la mujer suspiraba continuamente. “Pobre hombre”.


Muy bonitos los relatos hasta que no sabes qué más contar.

lunes, 28 de mayo de 2018

Mira, es domingo, yo qué sé (27.5.18)


Te he convertido en canciones que suenan en bucle, mientras lucho contra demonios artificiales, cosas que no te puedo explicar. Estoy destrozando en bares lo poco bueno que quedaba en mí y he celebrado no encontrarte en ninguna borrachera asquerosa como la de ayer. Hay que encontrar triunfos hasta en las derrotas y hasta en la depresión posteme veo luces a las que agarrarme.
No me voy a mentir. He deseado buscarte hasta desaparecer, me he sentido avergonzado de pensamientos que no encuentro manera de parar, y la gente parece sentirme bien, y es que todo bien, ya lo dije aquella vez que todo mal. Era volver a caer desde el precipicio sin darme cuenta de lo alto que había subido, y he terminado de machacarme los sesos contra los suelos de la autodecepción. Escribo esto porque no me atrevo a describir lo de las madrugadas sin dormir. Me dan rabia. Y tu cuerpo y lo jodidamente guapa que eres, demonio. Ni lo de tu pelo en mi cara y la forma en la que te dejabas follar. Lo húmeda que estaba tu boca, incluso después de reventarte a gemidos, cómo lo hacías. Yo con mi lengua de gato no sabía si maullarte o esconder mis uñas hasta esa próxima vez que nunca vendrá. Me da rabia echar de menos tus ojos acuchillándome a cuestiones invisibles, o como cantabas encima de mí, las lombrices tienen 9 corazones. ¿Dónde están los tuyos? Que te dieras la vuelta, sabías perfectamente cómo matarme muriendo tú primero entre mis manos, y amanezco triste por tu culpa, rodeado de la química que me revienta las noches en las que no estás. ¿Qué coño hago yo en esta cama sin ti? Y cerrar los ojos e imaginarte desnuda, y yo asfixiándome entre tus piernas. Eres una homicida. Demonio. Era cierto que nunca podría poseerte. Me has llenado las entrañas de magia negra. Ahora solo se pensar en colores oscuros. Como la diferencia entre tus iris y tus pupilas, escondiste tus dientes para no asustarme, animal salvaje. Ojalá verte aparecer entre la maleza que son las noches de polvos que empiezan a las siete de la tarde. Me has convertido en un caprichoso. Quiero todo esto y lo quiero ya y solo recibo un silencio que desgarra y atrapa en círculo a mis pensamientos automáticos.
Menudo vicio.
Ni la cocaína.
Ojalá odiarte se me de igual de bien que
follarte hasta desfallecer.


Me cabreé un poquito por nada, en verdad.

martes, 1 de mayo de 2018

Amigos (29.3.18)


En los momentos en los que
nos volvemos a encontrar,
ese mágico y fugaz destello de unidad.
AGAIN.
Nosotros de nuevo,
nuestras bromas absurdas.
Seamos los de siempre
pero cambiados,
de una manera que desconsuela.
Nosotros los de ayer,
volvemos sobrevolando la isla
y lloramos sin saber aun
si es de alegría o de nostalgia.

Nosotros los que ya no somos
tan jóvenes,
pero tampoco tan viejos,
nos empiezan a doler huesos
que ni sabíamos que existían.
Nosotros los invencibles,
los que nos íbamos a querer
para “siempremente”.

Los que se quedaron a nuestro lado,
los que vieron nuestras lágrimas
brillar en la lejanía.
Los de “a ver cuándo nos vemos”,
los de la foto en la pared
porque no me quiero olvidar de ti,
y no lo haré jamás,
pero ya no es lo mismo.

Nosotros los que nos encontramos
en mitad de una raya
y nos entra el amor,
y no sabemos qué hacer con él,
nos declaramos con la valentía
que nos da un cubata en la mano.

Yo nunca te dejé de querer,
pero
cuántas veces decidí no compartir
mis miserias contigo
que fuiste mi nosotros
en algún punto.

Me arrepiento de no haberlo podido acabar porque me gustaba un montón.
Cosas que pasan.

jueves, 4 de septiembre de 2014

NOPE 26.6.13


Siempre se le venían imágenes de polvos épicos con sus ex cuando se follaba a la chica que le gustaba. Todas ellas, uniéndose entre imágenes que empezaban siendo dispersas y terminaban en una orgía de treinta pares de piernas diferentes. Una masa acumulada de sexos de todos los tipos y mujeres que gritaban su nombre, o usaban el nombre de Dios (no creo que fuera en vano).

Estoy igual de sorprendida que tú. 
¿Qué quieres que te diga?

lunes, 1 de septiembre de 2014

Ir en barco 15.8.14

No me dejas comer, no me dejas leer, no me dejas trabajar, no me dejas pensar con claridad. Y cuando hablo de tú quiero decir yo. Lo único en lo que no interfieres es cuando estoy sola y me masturbo viendo pornografía barata. Ahí puedo ser el animal salvaje de siempre. Ese que no es capaz de sentir tristeza ni pena, sólo un terrible desprecio por la humanidad. Ese que no para de vomitar ira sin siquiera pararse a pensar. Ese verbo no existe a no ser que estés presente, dentro de tu ausencia, claro. Cuando llenas todos mis huecos, sin embargo, soy un animal manso, vacío de preocupaciones más que la de venerarte. Me tienes hasta los cojones, pequeña incertidumbre. No me dejas vivir y nunca lo has hecho. Ojalá se te vea el detalle y me dejes morir en paz. Aunque sólo sea a pajas.

sábado, 3 de mayo de 2014

Azul mecánico (17.1.14)

No dejas de aparecer y no es malo. Todo lo contrario, cuando lo haces, sonrío.
No eres una noticia terrible en el telediario, tus políticos postizos no salen en la televisión diciendo mentiras, aunque las digan, es solo que aparecen fotos de tu ciudad, porque ahora es tuya, y yo sonrío. Vuelvo a tener la nariz congelada. Hace tanto frío, no te puedes imaginar. Bueno, tú dirás que estás acostumbrada, eres fuerte. Puedes caerte desde la estratosfera, estoy segura, y no pasar nada. Bueno, yo digo nada, a ti te dolerá, pero ninguno de tus huesos, ya sabes. Eres fuerte.
Pienso en ti, llevo días haciéndolo y no lo evito. Antes sí. Te echo de menos. Ni siquiera he pensado si estaría fuera de lugar decírtelo, pero, bueno, no te lo he dicho. Te echo de menos. Sigo sin perdonarme algunas cosas. Pero apareces y es como una forma de redimirme. Cada vez que soy capaz de sonreír y no sentir angustia, te veo tomando cerveza. He parado el tiempo justo ahí, en una acera, fumando, mientras todo parecía ser azul mecánico. Te lo dije y comenzaste a brillar. Tú no lo viste. No podías verlo, pero yo sentí que eras todas las luces de navidad de la ciudad juntas, apelotonadas entre tus pies y tus uñas y tu pelo y tus ojos.
No éramos un cuadro. Éramos una foto, un cortometraje, este plano de aquí no lo cambiaría por nada del mundo. Apareces, yo sonrío.
He pensado que te quiero en mi vida, pero no embriagada y puerilmente. Te quiero en mi vida para que critiques las películas que veo, los libros que leo, la manera que tengo de recitar, mi forma de conjuntar la ropa, la música que escucho, lo que escribo.
Necesito la manera que tienes de acuchillarme sin piedad porque es una forma de crecer. Hacia arriba, hasta la estratosfera.
Mientras escribo esto pienso si enviártelo, tú, hace tiempo, me habrías dicho que sí. Que lo hiciera. Que menuda estupidez. Ahora no estoy tan segura de ello. Pero te oigo gritar cobarde y no sé. Aquí arriba sí que hace frío, ¿no?.

Estoy arreglando algunas cosas. Siempre estoy en obras, yo qué sé, pero ahora, eso. Siempre estoy en obras. Apareces y no me molesta que lo hagas. Es raro porque no hablamos, no sé mucho de ti, pero de alguna manera estás en muchas de las cosas de mi vida diaria, como por ejemplo, tener la nariz congelada, y no me molesta. Sonrío.
Me pregunto si sonríes tú. A veces estoy en la biblioteca y me pregunto eso, que si te estarás muriendo de la risa ahora mismo, en este instante en el que yo me estoy estudiando las parafilias.
Y es divertido. Me río contigo.
Ahora siempre intento imaginarte como la persona sonriente que en realidad eres. No sé por qué, a menudo te veía como alguien triste o atormentada, pero, j-o-d-e-r, siempre me equivoco en la mayoría de las cosas importantes de la vida.

Un azul mecánico como el tuyo jamás será triste. Todo lo contrario.
Es tan fuerte que da por saco a todas las leyes de la gravedad.


Espero que te hayan dejado de doler los codos, las piernas, los huesos con sus cartílagos y sus tendones. Espero que sí, de verdad.


Siguiendo con mi estúpida tradición de "cartas que nunca envié".

sábado, 26 de abril de 2014

Contorno (21.10.13)

Te imagino siempre a contraluz
porque creo en el misterio como
principio universal de todo.
Tu pelo se vuelve iluminaria
y pareces atrapar al aire,
partículas celestes,
minúsculos átomos de vida.
Yo me imagino un millón de pulmones
respirando al mismo tiempo.
                                 Los míos se colapsan.

Eres fugaz,
siempre.
Tu piel se estira,
parece abrirse al mundo,
pequeños poros bostezando,
                                  eres el cosmos.

Todos lo somos,
pero yo no me había dado cuenta
de ello
hasta tropezar contigo.
Había visto agujeros negros gigantes
antes de aquella noche
pero ninguno que atrapase
la tristeza
como tus ojos.

Mirarte sin que te des cuenta
es como ver la naturaleza
libre,
aunque siempre haya algo en ti
que me haga pensar
en trampas para osos.

Así es como te revuelves
entre mis neuronas.
No sé verte de otro modo
porque tampoco he encontrado
la manera de iluminar la casa
y que sigas siendo tan contorno.

                                     Tan contraste.

Un millón de pulmones
respirando al mismo tiempo.

No tienen ni idea de lo que sucede:
una galaxia enorme
en expansión.
Los míos se colapsan.
Tus ojos me tragan.

Siempre he sido una persona
triste.

Nada que no sepas ya.