miércoles 15 de febrero de 2012

EI

Se llama estímulo incondicionado a cualquier estímulo, que con anterioridad al tratamiento experimental, produce en el sujeto una respuesta consistente y medible. Por lo general se trata de estímulos que producen reflejos innatos.
Se entiende por reflejos innatos a aquellas respuestas de naturaleza involuntaria y automática que realiza un ser vivo ante la presencia de un determinado estímulo. Vestigios evolutivos.

Y esto es el intento de explicación de por qué a veces me descubro sonriendo en mitad del bullicio.
Y es una mierda.
Ser tan animales y cagarla luego, cuando nos ponemos a pensar.

Ala.

domingo 12 de febrero de 2012

***

No sé cómo lo voy a hacer, pero tengo que acabar con vida al final de febrero. Jé.

jueves 9 de febrero de 2012

Después de todos los naufragios.


Suponía que aquella mujer no cambiaría nada en su vida. Ninguna, de hecho, fue lo suficientemente importante como para hacerle cambiar de parecer. Sin embargo las huellas que cada uno guarda dentro de sí, son indelebles. 
No. Suponía que sería como las demás veces. Por eso se terminó por acostumbrar. 
Estaba acostumbrado a sentirse vivo y muerto, feliz y triste. Ninguna de las otras veces fue diferente. Siempre en su justa medida, desbordaba cualquier tipo de sentir.
Porque, aunque aquella mujer no cambiara nada en él, estaría por siempre en su memoria. De una manera u otra, también el pasaba por la vida de esas mujeres. Bailaba el agua a más de una y más de una acabó dejándolo sumergirse hasta el final.
Pero nada cambiaría sus ansias. Nunca fue suficiente para él los pantanos a los que acostumbraba al cuerpo.
Aquellas mujeres no cambiarían nada en su vida y aun así se estremecía con cada pestañear. No lo haría por mucho que él quisiera. Cambiar.
La manera de destrozarse a sí mismo. Ninguna mujer sería capaz de calmar sus ganas, sus todos, sus para siempre. Ninguna mujer sería tan eterna como él.

Solo dejó de amar una vez. 

El resto de veces, fue el tiempo quien apaciguó el amor que llevaba dentro. 
No dejó de ser diferente ninguna de las veces. Ellas venían, dejaban poblar sus muslos de promesas, enjuagar con su boca la vida. Se dejaban ser y marchaban tal como venían.
Y nada cambiaba en él.
Excepto el vacío de una boca, de unas manos. 
Esta vez no sería de otra manera, pensaba.
Está tan acostumbrado a estas mujeres, que ninguna sería capaz de hacerle creer lo contrario.

-Para cuando vuelvas-decía-tenme preparada la cama.

Ella sonreía mientras se subía la falda.

-No nos vamos a enamorar nunca, por mucho que nos queramos-proseguía.

Con la falda puesta e intentándose poner el sujetador ella lo miraba tirado en la cama, aun desnudo, con pena. 
Sabía mejor que nadie la de mares que había conocido aquel hombre entre naufragio y naufragio.

-Yo me voy a enamorar de ti siempre que me deshagas la cama como lo has hecho hoy.

Era fácil hacerlo feliz. Ella lo sabía. Como sabía también que no cambiaría nada en su vida.

-Me estoy acostumbrando a tu piel. Me gusta tu piel. Probablemente de todas las pieles que haya poblado la tuya es la mejor con diferencia-le decía a aquella mujer mientras pensaba que aquello ya lo había sentido antes.

Y no hubo nunca una piel que lo cambiara.
No por falta de ganas.
Probablemente fuera el tiempo.

-Mujer, un día nos casamos. Vendré con el mejor diamante que hayas visto en tu vida, me arrodillaré y me dirás que sí. Te compraré una casa donde haremos el amor en todos los rincones. Y ya muertos y viejos nos acordaremos de cada rincón donde hicimos florecer el amor. Para toda la vida, mujer. Ningún hombre más que yo te deshará la cama. Y nos amaremos. Para siempre, mujer. 

Y aun sabiendo que ninguna mujer cambiaría su vida, un día volvió con ese anillo, se arrodillo y le pidió matrimonio. 
Ella, con la cama aun sin hacer y a medio vestir hizo salir a uno de aquellos tantos hombres de la habitación.
Lo besó a modo de respuesta.
Y así fue como encontró el mar donde en cada rincón floreciera el amor, aunque fuera el mismo hombre de antaño. Era aquella mujer la que no sería la de antes y eso era lo importante. 

-Un día, mujer, te irás y ahí, mi amor, dejaré de ser del todo yo. 
-Calla la boca ya, hombre, y ven a arrugarme las sábanas, que de aquí a que me vaya, va a pasar mucho tiempo.

La mujer se fue una mañana de invierno.
Comprendió entonces que ninguna mujer había sido capaz de cambiarlo, porque ninguna se había quedado hasta el final.

-Para cuando vuelvas, tenme preparada la cama, mujer. Porque volverás y me traerás al hombre que fui una vez, contigo, entre tus muslos.

lunes 6 de febrero de 2012

Un Indio

No sabría hacerlo mejor.
De otro modo, siempre.

viernes 3 de febrero de 2012

El Desastre


Cuando todo salga bien
imagino que nos aburriremos.
Nos vestiremos en silencio
pensando que quizás debimos 
prolongar un poco más
los desastres a los que acostumbramos.

No sabré sobre qué escribir
si no hay cosas que me piquen por dentro
y no tendré que rascarme
dejando entre mis uñas la piel de un dolor
y unas ganas.

Probablemente contrataré una empresa 
de pirotecnia.
Para ese entonces yo ya tendré 
carnet de conducir
y te llevaré a algún lugar mágico 
desde donde se vean todos los fuegos
artificiales
que te tengo preparados.
Yo haré como que no sabía nada
tú harás como que me lo he currado
y lo haremos tan bien que al final de todo
nos aburriremos.

Trepar se volverá una actividad cotidiana
y nos volveremos gatos domesticados.
Nos ducharemos todas las madrugadas
y nos aburriremos muchísimo.
Del agua y de no tener heridas que lamer.
Echaremos de menos un pasado
que ni siquiera recordaremos
y un día
trepar se volverá
la forma más fácil de huir.

Cuando todo salga bien,
probablemente nos aburriremos
de que no existan días como estos.
De los espacios inexistentes
y de la ausencia de llamadas de atención.
No sabremos cómo estropear las cosas
y beberemos educadamente
una a cada lado de una mesa.
Hablaremos del hoy,
del después,
del luego
y educadamente llegaremos a algún
lugar mágico
a desnudarnos.
Todo irá bien hasta que nos aburramos
mientras nos vestimos en silencio,
armadas con una sonrisa a medias
porque nunca sabremos
cuánto tiempo más nos divertirá
el aburrirnos de hacer las cosas bien.

De todos modos
y
pensándolo bien,
no encuentro una manera mejor que esta
de prolongar
los desastres a los que acostumbramos.

miércoles 1 de febrero de 2012

Quemar la nave.

El día o la noche en que por fin lleguemos
habrá que quemar las naves


pero antes habremos metido en ellas
nuestra arrogancia masoquista
nuestros escrúpulos blandengues
nuestros menosprecios por sutiles que sean
nuestra capacidad de ser menospreciados
nuestra falsa modestia y la dulce homilía
de la autoconmiseración


y no sólo eso
también habrá en las naves a quemar
hipopótamos de wall street
pingüinos de la otan
cocodrilos del vaticano
cisnes de buckingham palace
murciélagos de el pardo
y otros materiales inflamables


el día o la noche en que por fin lleguemos
habrá sin duda que quemar las naves
así nadie trendrá riesgo ni tentación de volver


es bueno que se sepa desde ahora
que no habrá posibilidad de remar nocturnamente
hasta otra orilla que no sea la nuestra
ya que será abolida para siempre
la libertad de preferir lo injusto
y en ese solo aspecto
seremos más sectarios que dios padre
no obstante como nadie podrá negar
que aquel mundo arduamente derrotado
tuvo alguna vez rasgos dignos de mención
por no decir notables
habrá de todos modos un museo de nostalgias
donde se mostrará a las nuevas generaciones
cómo eran
                    parís
                    el whisky
                    claudia cardinale.


Mario Benedetti.

Mucho más grave.

Todas las parcelas de mi vida tienen algo tuyo
y eso en verdad no es nada extraordinario
vos lo sabés tan objetivamente como yo


sin embargo hay algo que quisiera aclararte
cuando digo todas las parcelas
no me refiero sólo a esto de ahora
a esto de esperarte y aleluya encontrarte
y carajo perderte 
y volverte a encontrar
y ojalá nada más


no me refiero sólo a que de pronto digas
voy a llorar
y yo con un discreto nudo en la garganta
bueno llorá
y que un lindo aguacero invisible nos ampare
y quizá por eso salga enseguida el sol


ni me refiero sólo a que día tras día
aumente el stock de nuestras pequeñas 
y decisivas complicidades
o que yo pueda   o creerme que puedo
convertir mis reveses en victorias
o me hagas el tierno regalo
de tu más reciente desesperación


no
la cosa es muchísimo más grave


cuando digo todas las parcelas 
quiero decir que además de ese dulce cataclismo
también estás reescribiendo mi infancia
esa edad en que uno dice cosas adultas y solemnes
y los solemnes adultos las celebran
y vos en cambio sabés que eso no sirve
quiero decir que estás rearmando mi adolescencia
ese tiempo en que fui un viejo cargado de recelos
y vos sabés en cambio extraer de ese páramo
mi germen de alegría   y regarlo mirándolo


quiero decir que estás sacudiendo mi juventud
ese cántaro que nadie tomó nunca en sus manos
esa sombra que nadie arrimó a su sombra
y vos en cambio sabés estremecerla
hasta que empiecen a caer las hojas secas
y quede el armazón de mi verdad sin proezas


quiero decir que estás abrazando mi madurez
esta mezcla de estupor y experiencia 
este extraño confín de angustia y nieve
esta bujía que ilumina la muerte
este precipicio de la pobre vida


como ves es más grave
muchísimo más grave
porque con estas o con otras palabras
quiero decir que no sos   tan sólo
la querida muchacha que sos
sino también las espléndidas
o cautelosas mujeres 
que quise o quiero


porque gracias a vos he descubierto
(dirás que ya era hora
y con razón)
que el amor es una bahía linda y generosa
que se ilumina y se oscurece
según venga la vida


una bahía donde los barcos
llegan y se van
llegan con pájaros y augurios
y se van con sirenas y nubarrones
una bahía linda y generosa
donde los barcos llegan
y se van


pero vos
por favor
no te vayas.


Mario Benedetti

martes 31 de enero de 2012

La memoria del cuerpo.


Como pasa con las drogas.
Montar en bicicleta.
La misma sensación intensa.
Tocar unas tetas por primera vez
cada vez.
El frío.
Oír una tormenta.
Abrocharse el cinturón en un avión.
Perdonar de mentira.
Querer de verdad.
No me voy a olvidar nunca.
¿Te han roto alguna vez el corazón?
La sangre por dentro de las venas.
Cansarse a medio camino.
Una cuesta.
La humedad de unas bragas.
Los muslos por dentro.
Un olor.
Un sabor.
Cuando nadie sabe algo que tú sí.
Una sonrisa.
Darse la mano por debajo de la mesa.
Beber agua un día de resaca.
Dolores de cabeza.
El momento antes de besar por primera vez
cada vez.
Sentirse ridículo.
Nos miran.
Vámonos ya.
Un mensaje que diga: te quiero follar.
Hasta el alma.
Como pasa con las drogas.
La sangre por dentro de las venas.
Correrse a la vez.
¿Sabes?
El inverso a que te rompan el corazón.
Las cosquillas en la mano cuando toco una teta
cada vez.
Toda la vergüenza del mundo
en un cuerpo desnudo.
Que te digan “enséñame”
y echarte a reír.
Nadie sabe tanto como para no tragar saliva
al menos
un par de veces.
Nadie excepto la memoria del cuerpo.
Montar en bici,
pedalear,
caerse.
Siempre es el mismo dolor
pero
algo siempre cambia.