Funcionalidad del Pasado.

Siempre me pasa que descubro la funcionalidad de las cosas cuando ya es demasiado tarde.

Y que sea demasiado tarde es precisamente la característica principal de este lugar.

Después de tanto tiempo encuentro que quizás este sea un buen sitio para mirar el pasado con los ojos del presente-futuro.

En cualquier caso, a los fantasmas del pasado, a los vivientes del presente y viceversa, sean ustedes bienvenidos.



sábado, 4 de junio de 2011

Antártico





[...]

Hubo entonces,
en un extremo de la tierra,
un punto matemático en el centro de un mar vacío
y, en el otro,
Yo,
en medio de vendavales sin fin
y donde cada punto cardinal
se aniquilaba en un abismo.

Y hubo frío,
el frío más frío de la tierra.
Y una noche,
y una soledad hubo
que nadie
ni nada
pudo darle fin.

[...]

Juan Pablo Riveros

lunes, 9 de mayo de 2011

Celos

Tengo celos de ti, por qué negarlo,
tengo celos de ti, celos rabiosos,
celos de la sonrisa de tu boca,
celos de las miradas de tus ojos,
cuando yo no te oigo... cómo hablas?
Cuando yo no te miro... cómo miras?
Cuando no estoy delante... cómo suenan
los raudos cascabeles de tu risa?

¿Tú sabes que en las miradas de los hombres
hay miradas impuras?
Que unas veces parecen que acarician
y otras parece que desnudan?
Cuando te envuelve una mirada de esas
y sientes que resbala por tu cuerpo
...Qué es lo que piensas?... Dí,
qué es lo que piensas?

Cuando tengo tu mano entre mis manos,
yo sé cómo tu carne se estremece,
cuando es otra la mano que te oprime,
qué es lo que sientes? Di,
que es lo que sientes?
Yo puedo adivinar qué pensamientos
laten en ti cuando de mí te acuerdas.
Cuando es de otro el recuerdo que te asalta,
qué es lo que sueñas?...Di,
qué es lo que sueñas?

Yo te he visto mil veces temblorosa
ante el fervor de mis ardientes frases,
con los divinos ojos entornados
y los húmedos labios anhelantes,
imbuida de amor desvanecida.

Cuando yo soy el amor, el que te habla,
si las palabras son las mismas...dime,
cómo te suenan de otros las palabras?
Tú juras que me has dado
tu corazón, tu cuerpo y tu cariño,
pero nunca sabré si tras tus ojos
se esconde un pensamiento que no es mío.

Y qué importa tu cariño entonces?
Qué vale la escultura de tu cuerpo
si son los pensamientos de tu alma
como villanos que arrebatara el viento?

PEDRO MATTA (España, 1875 - 1976)

martes, 22 de marzo de 2011

Ocho centímetros.



Ocho centímetros puede ser
la diferencia entre
estar feliz
y
ser feliz.

La estúpida cifra que nos convierte
en deportistas olímpicos
saltando obstáculos.
Hay narices grandes
como respiraciones,
grandes
como
un beso.

Quiero decir que
Ocho centímetros pueden cambiar
nuestra vida.
Las cosas se deslizan,
mis perfumes se caen,
los días se acaban antes.
Se acaban después de todo.

Ocho centímetros es la distancia
a la que estoy cuando te pienso,
por ejemplo
no tan lejos.
Una curvatura perfecta,
líneas que desde atrás
tú no veías.

Pasarán más de mil años
y
¿seguirá pasando lo mismo
entre tus cuatro y mis cuatro
centímetros?
Quiero comprobarlo
más allá,
mucho más lejos,
¡dónde va a parar!

Ocho es mucho más
de lo que mis manos acostumbran
y aun así
llevo siglos con las manos vacías,
paralelamente
quién puede conducir nuestra electricidad
durante tanto tiempo
entre los ocho centímetros que nos separan
cuando sin querer
te me adelantas.

O las sombras que se dibujan en tu espalda.
Hay ocho centímetros en los que la felicidad
se va palpando.
Ombligo y demás.
Al sur los días serán más cortos
y por ende
las noches medirán
ocho centímetros más.
Pasa lo mismo con el norte
pero sigo sin entender la diferencia.

Ocho centímetros de calma
en tu pecho
y
toda la ansiedad del mundo
esperando a que vuelvas.

Cuando me hago pequeña
mis ocho metros de abrazo
se convierten en todos los centímetros
de tu sonrisa
y es así como el mundo
vuelve a tener sentido
tambaleándose entre tus cuatro
y los míos.

lunes, 4 de octubre de 2010

Cinco de Octubre.

Esta noche te quedarás en casa
y nos besaremos por primera vez.
Hablaremos de sillones de Ikea, mientras yo pienso todo el rato
en las ganas que tengo de querernos
y tú me dirás que quieres quererme
y esa será la única vez que nos hayamos puesto de acuerdo.

Mañana tengo que dar la práctica de anatomía
y no he dormido nada
luego escribiré que el no dormir es solo un privilegio del haberte conocido.

Y serás la chica de mi vida. Lo serás hasta que decidas dejar de serlo.

Octubre siempre me ha quemado las entrañas... Pero ahora más y peor.
Esta será la segunda vez que nos pongamos de acuerdo en algo.


jueves, 30 de septiembre de 2010

Memento.

Olvidar
es una palabra
que siempre, siempre
está de más.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Tres premios:


Uno por negra,
otro por gata
y otro por bonita.

kjhsqdkjqjndjh3bjbewnkdn <3x100000000^ochotumbado.

lunes, 16 de agosto de 2010

Nota mental:

Infinito se escribe con ocho letras.


viernes, 7 de mayo de 2010

Azul y amarillo.



Mientras hacía su matutino camino hacia el baño, Cecilia, en la otra punta del pasillo se atrevió a acercarse a él.

-No hay toallas, espera a que las traiga.

Pero Adam estaba tan profundamente dormido que no la escuchó y se metió en el baño, desnudándose y mirándose al espejo intentando hacer un esfuerzo para reconocer a aquel individuo que se reflejaba delante de él.
De pronto Cecilia abrió la puerta del baño. Adam estaba dentro de la ducha, todo estaba lleno de vaho y por alguna razón no se ruborizó lo más mínimo.
Al contrario. Cecilia cerró la puerta con llave, se desvistió y se metió en la ducha con Adam y él, por alguna razón, no se sorprendió.
Se quedaron inmóviles el uno frente del otro como observando el espectáculo natural de la desnudez. El agua corría por el cuerpo de Adam y como despertando, éste se aproximó a ella. “Hola”, le dijo con la voz aun dormida. “Buenos días” le contestó. Adam dio por supuesto que aquella chica quería algo más que una ducha y como un idílico sueño pueril, hicieron el amor contra la pared fría y mojada del baño.
Después, en un silencio veraniego, de pajarillos cantando y voces de niños en la calle, Cecilia se volvió a vestir con la misma rapidez con la que se desvistió y Adam se ató una toalla a la cintura y se secó aquella melena de pelo negro y lacio.

Cecilia no volvió a repetir aquello jamás. Adam nunca se lo reprochó.